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Escribir es fácil: letras que forman palabras, palabras que forman frases… Comunicar es relativamente fácil: dotar de significado a esas frases. Emocionar… es muy difícil: conseguir que esas frases con significado lleguen al interior del lector y toquen ese botón que le hace aislarse del mundo a su alrededor y centrar sus cinco sentidos en lo que está leyendo.

El reflejo del Papel es mi campo de entrenamiento. Todas las mañanas, sin excepción, me enfrento a lo que el papel refleja mientras escribo. Ahora, doy un paso más, y me enfrento a uno de mis grandes miedos. ¿Qué opinarán los demás sobre lo que escribo? Pues eso.